Por Rocío Vargas Palomino / Fotografías Daniel Fonseca

El hip hop, el pop y la marimba fueron los protagonistas del frío y húmedo viernes en Carpa Cabaret. Actos del corazón, con letras emotivas e instrumentos limpiamente interpretados, le dieron calor a la noche y de paso, regalaron un viaje de punta a punta por el país.

La primera parada: Alcolirykoz, agrupación originaria de Medellín que a través del hip hop expresa situaciones vividas, fusionando el blues, el jazz y el funk con el rap. Una vez más, el sonido, poco favorable, evitó que precisamente estas letras fueran comprendidas. Sin embargo, alcanzó para mostrar el talento que estos exponentes de la cultura urbana tienen de sobra y que de a poco escala y cubre nuevos espacios.

Continuando y pasando por Barranquilla, apareció Colectro, apasionados por la música y el caribe, con lo necesario para encender la fiesta. Entre teclados, batería, bajos electrónicos y sintetizadores, envueltos en brisa marina, prendieron la carpa.

El destino final: el pacífico colombiano. Junto a Gualajo terminó la noche, acompañada por la lluvia y el ritmo acogedor de la marimba, el piano de la selva. La sincronía del clima y los ecos de la instrumentación en tarima, trasladaron a todos los asistentes a húmedos bosques donde el canto de la naturaleza está presente y donde los instintos más básicos florecen.

De esta manera, entre saltos de estilos, de origenes y sensaciones terminó la semana.

El sábado, los reconocimientos fueron el centro de foco en la penúltima noche de Carpa Cabaret. Placas otorgadas a El Freaky Colectivo y a Pulenta por parte del festival, reivindican el crecimiento de estas agrupaciones que en versiones anteriores, en el caso de El Freaky Colectivo debutaba como un proyecto pequeño. Ahora, ambos grupos, con carreras en ascenso, demuestran ser dignos merecedores de estas celebraciones.

Fue así como, iniciando la noche, El Freaky con su funk, dub, reggae, cumbia, hip hop combinado con folclor y música del mundo, puso a bailar en la carpa. Durante casi una hora, este colectivo de jóvenes invadió de vibras contemporáneas y cosmopolitas a los espectadores que gozaron de esta propuesta diferente y que con elegancia va ganando más aliados.

Después, Pulenta con su sonido globalizado y fusión bajo formas de jazz, subió al escenario para impregnarnos de melodías sensuales. Al final, tras el reconocimiento, un pequeño impase con la logística del evento, hizo que su presentación se escurriera, dejando un sin sabor en los integrantes de la banda.

La confirmación rítmica de nuestro origen y el encanto que esto produce hacen erizar la piel, replantearnos como hermanos y como uno solo, congregados en un mismo lugar, aplaudir eso que nos representa.

Olvidados los problemas, con una convocatoria contundente, César Mora celebró el festival. Su grandioso conjunto musical complementó su potente y original voz, y entre dedicatorias al alma del festival: Fanny Mikey, emocionó y se emocionó, dando a entender que esa sencillez y nobleza que irradia son cualidades honestas. Su música armó la fiesta del sábado, transmitió ese amor por el teatro, por la salsa y por el arte. En resumen, un show excepcional, por parte de una figura consolidada de la televisión y música colombiana.

El domingo, el ultimo día del Festival, siguiendo la constante de los 14 días predecesores, fue mágico: mientras en el Simón Bolívar a paso de tango y con juegos pirotécnicos se daba por terminada la XIII versión de este Festival, en Carpa Cabaret, el porro, la cumbia y la puya, le decían adiós a la muestra teatral más grande del mundo.

Por un lado, la cantante argentina Amelita Baltar y Juan Carlos Godoy conmemoraban el arte, y  la aún vigente fundadora del FITB; también el éxito rotundo del evento que cada dos años congrega a más de 25.000 personas. De igual forma, el brillo de los fuegos artificiales iluminó la última noche del festival que engrandece a Bogotá.

En Corferias, Los Gaiteros de San Jacinto despedían la carpa que brindó fiesta, variedad y derroche de talento. Con su sonido tradicional, heredado del mestizaje indígena, a través de gaitas y tambores, culminó una jorna sentida.

Una vez más, se reivindicó que lo autóctono y lo propio es lo que más mueve las fibras y con nostalgia y sobretodo alegría disfrutamos. La confirmación rítmica de nuestro origen y el encanto que esto produce hacen erizar la piel, replantearnos como hermanos y como uno solo, congregados en un mismo lugar, aplaudir eso que nos representa y somos.

Por esto, acompañando a Los Gaiteros, La Afrocolombian All Stars impuso su ritmo. Esta agrupación dio la talla a la jornada, pero su presentación no podía ser para menos, pues sus integrantes hacen parte de grandes bandas como La 33, Sidestepper, La Mákina del Karibe y La Mojarra Eléctrica. Así, con este coctel de talentosos la fiesta comenzó por lo alto; bajo la dirección musicial de Jacobo Vélez, quien Introdujo a Callegueso y La Mambanegra con todo el aroma a pacífico sur.

Junto a estas tres perspectivas de la música y el folclor, más una semana y media de shows cargados de energía y sentimiento, terminó una nueva versión de Carpa Cabaret: el espacio musical y fiestero del Festival Iberoamericano de Teatro.M

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